Toshie Itabashi

TOSHIE ITABASHI, ESCULTURAS 2010. El año 2007 escribí sobre la obra de Toshie Itabashi ”...Cuando empezó su carrera, allá por el año 1995, tomó el pájaro de Brancusi (Maiastra) como motivo; cabe decir que esto no fue solamente una fuente de inspiración formal, sino también un acto iniciático: con la talla de piedra Toshie empezaba a volar”. Recientemente, con el motivo de la reseña de un catálogo donde se encuentra representada la obra de Toshie, yo mismo apuntaba: “...sus formas responden a una sensibilidad genuina enfrentada a la forma y a la materia. Formas misteriosas que evocan extrañas reminiscencias. Siempre en estado fluctuante, su obra nos recuerda nuestra permanencia en un mundo sensible lleno de reflejos y sombras, donde estamos invitados a perdernos y a descubrir qué es eso representado o eso inventado o lo que es real. Actualmente, contemplando sus esculturas aquello que más llama la atención es ver, como sin abandonar la talla de piedra, parte de su obra de dimensiones más considerables esta tallada en madera. Esto resulta emblemático. Pues la fuente, el origen de las maderas de pino “melis” que Toshie trabaja están extraídas de casas abandonadas, de derribos de nuestra ciudad. Esto que también se puede entender como un ejercicio de reciclaje ambiental, resulta doblemente trascendental cuando sabemos que Toshie proviene de una familia de arquitectos japoneses que se remonta a siete generaciones. Una tradición, la arquitectura tradicional japonesa que utiliza principalmente madera tallada en su cuerpo estructural y ornamental. Por lo tanto, no debe sorprendernos la facilidad y la ductilidad que toman estas vigas en las expertas manos de Toshie Itabashi. Otro factor a destacar de sus nuevos trabajos es el uso de la lana y el hilo como material. Estos se presentan a veces cosidos, otras veces solo hilados, sobre las tallas de madera y de piedra. Este uso que pudimos contemplar de manera germinal en su última exposición en la Galería Hartmann de hace tres años, ha alcanzado gran interés e importancia. Interés por el contraste entre los materiales, entre la sutilidad de la lana y el hilo y la rotundidad de las formas. La lana y el hilo, tradicionalmente más relacionadas con las artes menores guardan un estrecho vínculo simbólico y también tácito con lo femenino. Como oficio y también como metáfora de la maternidad, de lo cálido y la protección. Pero no en el sentido arácnido que se transparenta, por ejemplo, en la obra de la recientemente desaparecida Louise Bourgoise. No, la obra de Toshie Itabashi no resulta tan literal, ni tan condicionada por un sustrato cultural o tradicional; ni tan siquiera psicoanalítico o personal. En su obra, el hilo y la lana actúan formalmente y nos enfrentan ante un juego de contradicciones y, paralelamente, de complementariedades. Intentaré explicarme: En cierta manera, al ponerlas en diálogo con una madera o una piedra trabajadas con la técnica de la sustracción nos hace pensar que la lana y el hilo representan justamente lo contrario al acto de sustraer que es la talla. La lana une, hila y de esta manera se convierte en forma y, por lo tanto, en sentido. Resulta como si Toshie nos estuviese expresando no solo la existencia de los contrarios, sino también, el principio taoista sobre la necesidad de que estos se unan para que las cosas acaben de funcionar. Por otro lado, a menudo la lana se presenta como una sutura sobre la apertura natural de la madera. Expresando la necesidad de curar una herida o, porque no? expresando las virtudes curativas del arte que convierten al artista, en palabras de Jesús Martínez Clarà, “en un/a guía intuitivo del alma humana”. Trato a parte se merecen los dibujos sobre volumen en papel de arroz “shoji” que Toshie presentó por primera vez en la Simon Gallery de Yokohama en verano de 2009. Estos forman parte de una serie titulada “Náufragos” y son volúmenes conseguidos a partir de la creación de un molde con papel y cola sobre piedras naturales. El resultado son formas parecidas a cuencos de diferentes tamaños donde la artista de manera metódica reproduce en su interior con tinta azul y con una técnica de aire puntillista –que no admite ningún tipo de corrección- distintos elementos encontrados y erosionados por el tiempo y el mar. Este tipo de elementos siempre de pequeñas dimensiones, que Toshie guarda en una increíble colección, han sido desde el principio de su carrera la principal fuente de inspiración de sus formas y de su manera de percibir el volumen. Observados en conjunto, “Náufragos”, nos remiten a la sutileza y al misterio propios, acentuados por la blancura radiante que emanan, del objeto aurático entendido como modelo o como idea. Haciendo uso otra vez del recurso de la cita, hago referencia a Walter Benjamin cuando dice “Eso que señala el aura auténtica es el ornamento. Un envoltorio ornamental en el círculo donde la cosa o el ser se encuentra estrechamente apretada, como en un estuche”. Es decir, los elementos (dibujos) comparten una especie de vibración, un sistema de representación discontinuo que gravita y se levanta contra la solidez de la materia (cuencos de papel). O dicho de otra forma, cada dibujo, dentro de su envoltorio, refleja el objeto aurático en una iconografía de lo invisible. Joan Navarro

Curriculum: CV Toshie Itabashi.doc

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